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– Oye, Leonardo, ¿no te parece que todo va muy deprisa?

– No sé de qué me hablas, Donatello, yo sigo tardando media hora en cagar y limpiarme la cola con estas cortas manos, como toda la vida.

– No, hombre, no hablaba de eso. Hablaba de la vida en sí. Antes disfrutábamos del momento, ¿recuerdas cuando comíamos pizzas en las alcantarillas? ¡Eran momentos eternos! Parecía que una hora de aquella época durase tres días de los de ahora. Vamos, que parece que fue ayer cuando Splinter nos castigaba por llegar tarde y, sin embargo, hace 20 años ya que acabamos con Shredder y Krang para siempre.

– ¡Uy, sí, es verdad! Hace 20 años que los vencimos en la batalla de las alcantarillas, y parece que fuera hace tan sólo 19 años y medio… ¡cómo pasa el tiempo!

– No te rías de mí, Leonardo.

– Donatello, sinceramente, deberías colgar ya el bastón y dejar de hurgarte el caparazón con él, que te está afectando al cerebro.

– No seas estúpido, ¿o es que no lo ves? Ahora todo es instantáneo.

– Sí, es verdad ¡y menos mal! ahora sería incapaz de esperar los 20 minutos que teníamos que esperar antes para tener la pizza lista. Mmm, rica pizza instantánea… ¿qué haría yo sin ti?

– Leonardo, recuerda lo que te dijo el médico: no más de una pizza a la semana o te saldrá el colesterol por detrás de las orejas. Además, tampoco me refería a eso, sino al ritmo de vida. Antes disfrutábamos de la paz del silencio, de la ausencia de noticias a cada segundo. Ahora todo son grupos de whatsapp colapsados, sobreinformación en internet, y una continua sensación de escasez de tiempo para terminar todas las tareas que nos imponemos. Si no contestas a los mensajes en el instante: malo. Si no estás al día de las últimas series: eres un inculto. Si surge en facebook un debate sobre las nuevas medidas del gobierno de Mali con respecto a su política exterior, más te vale informarte en 5 minutos sobre la opinión de la política keynesiana frente al caso, o estás perdido, se te echan todos encima. Mira mi bastón, con tanta discusión en twitter hace mes y medio ya que no lo limpio; está más mohoso que el trasero del Papa Ratzinger.

– ¿Has probado a darte con él en la cabeza? Si quieres te ayudo, que estaba yo muy tranquilo limpiándome las uñas con la espada hasta que has llegado tú con tus prisas.

– Ay, no sé, Leonardo, todo va muy rápido para mí. No estoy hecho para esta sociedad y sus prisas. No nos dejan ni un solo minuto para adaptarnos a los cambios. La evolución se ha vuelto una ecuación exponencial: el primer homínido tardó un millón de años en girar su muñeca para crear con una piedra su primera herramienta de corte, y ahora nosotros sólo necesitamos cinco minutos para duplicar la potencia o eficacia de la última tecnología descubierta.

– Y tú, sin embargo, usas esos cinco minutos en duplicar el potencial de tu capacidad para aburrirme.

– Y dale, ¡que no te rías de mí! Oye, cambiando de tema ¿sabes algo de Michelangelo y Raphael? Hace mucho tiempo que no los veo, ¿qué hacen con sus vidas?

– Pues no sé, creo que se sacaron un curso de electricista y encontraron trabajo como instaladores subterráneos de una empresa de internet de alta velocidad.

– Ay, Leonardo… ¡qué rápido va todo! No estoy hecho para estas prisas…

Author: Don Cobacho

Como ingeniero, siempre he sido de ciencias y matemáticas, pero ahora no consigo rimar letras con cifras, por lo que esta doble vida me está llevando a la locura.

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